martes, 14 de julio de 2009

KATYN

(Puntaje: 6)


Katýn es la nueva película de Andrzej Wajda, reconocido director polaco, que tiene en su haber películas como El hombre de hierro y Ceniza y diamantes, entre muchas otras obras teatrales y cinematográficas, cenizas, diamantes y premios. Su nueva producción lo llevó también hacia la nominación al Oscar, premio que le fue concedido hace unos pocos años por su trayectoria, que ya tiene por lo menos cincuenta años. Pero Wajda se ha destacado más por su compromiso político con la eternamente subyugada Polonia, y esto se demuestra en Katýn, nombre de una locación situada a unos 400 kilómetros de Moscú, donde en el año 1940, unos 15.ooo oficiales del ejército polaco fueron "traicionados" por las tropas militares rusas, y fusilados uno a uno. Wajda plantea esta situación en una película que pretende arrancar una página de la historia y dejar grabada en la memoria del pueblo polaco las más perversas maniobras de la dictadura stalinista.

En el plano "estrictamente" cinematográfico, es destacable la insuperable ambientación de época (vestuario, maquillaje, decoración, etc.), la fotografía puesta al servicio de la historia (y me refiero también a la Historia), y el montaje que ayuda a construir la narración en gran parte a modo de "reconstrucción". La Historia y los actos de horror ocultos al pueblo, suelen ser expuestos por la investigación posterior, y en este sentido Katýn tiene una postura ambigua. Por momentos intenta ser un thriller, en otros una recontrucción histórica cronológica bastante lineal y hacia el final retoma la moda de cruzar personajes de historias paralelas, que arrancan con la terrible espera de la esposa de un oficial (Maja Ostaszewska), junto a su hija, por el marido y padre llevado preso por los rusos. Esto último con el objetivo de generar en el espectador cierta conciencia de unidad en el sufrimiento y la vida del pueblo polaco.


Wajda sabe hacer cine, pero la efectividad del mensaje de Wajda a través de sus estrategias cinematográficas no llega a penetrar íntegramente en el espectador internacional. Si comparamos al filme con Black Book, de Paul Verhoeven, no podremos aducir que las bondades del gran filme del holandés se deban únicamente a su carácter de renegado hollywoodense y marketinero, sino a las características de un gran director. Sin duda Wajda no posee la misma educación que Verhoeven, ni tampoco sus intenciones. Su público han de ser los escandalizados rusos y los sufridos polacos. Y supongo que un poco menos retraídos se sentirán los alemanes, ya que la nueva tendencia, que aplaudo firmemente, tiende a desestigmatizar el gobierno nazi mostrando la ola de totalitarismos que pululaban en la época (cuéntenme cómo, si no, es posible una guerra donde mueren 60 millones de personas y se plantan dos bombas atómicas).

En suma, por ser argentinos, el filme de Wajda corre con grandes desventajas. Somos ajenos a esa historia, que nos llega como "algo terrible" de rebote (y con cómo está la distribución de películas para las salas últimamente, creo que hasta de milagro). Si quieren, piénsenlo como una contribución más a nuestro conocimiento de la historia de la segunda guerra mundial y a discusiones en el plano moral, suscitando importante interés. Cuánto más puede trascender la película, no me atrevo a decir. Nosotros tenemos Garage Olimpo y otras obras por el estilo que atraviesan nuestra propia historia. Además, hay otros directores, como el ya mencionado Verhoeven, cuya visión se alza hacia el mundo que puede pagarse una entrada o un video, con mucho buen cine. Pero no te juzgamos, Wajda, seguí haciendo lo que querés y bajá línea que acá en Buenos Aires todos se horrorizarán por igual.



Hernán A. Manzi Leites