sábado, 20 de diciembre de 2008

EL RASTRO

(Puntaje: 6)


Australia y Argentina solían ser objeto de comparación a principios del siglo XX por ser países con larga historia precolombina, jóvenes en su reciente independencia de potencias (Reino Unido y España) y con un vasto vasto territorio de ruda naturaleza. Si estas palabras logran acercarnos un poco más a esta obra de Rolf de Heer, bienvenidas sean entonces. Sin embargo, esto es un intento de salvar ciertas distancias que lamentablemente desde nuestras butacas porteñas no podemos recorrer.


El argumento versa sobre un grupo de cuatro hombres, "El Fanático" (Gary Sweet), "El Seguidor" (Damon Gameau) , "El Veterano" (Grant Page) y el "Rastreador" (David Gulpilil). Este último, aborigen australiano, conduce, guiándose por los signos de la salvaje naturaleza, al grupo de blancos que persiguen a un indígena acusado de asesinar a una mujer blanca. El Fanático, líder de la expedición, no tardará en demostrar su sadismo respecto al rastreador y a los autóctonos en general, y el director Rolf de Heer se place en extender su maldad hacia la humanidad entera. El relato es simple, y, naturalmente, cruel. El paisaje, con acierto, predomina en la trama como un personaje más. La dureza de la historia (ambientado en 1922) repercutirá indudablemente en el espectador.



Ahora bien, de esta obra bien llevada a cabo por un pequeño equipo técnico, el aspecto musical (son todas canciones compuestas por Graham Tardif e interpretadas por Archie Roach), aparentemente original, desliza cierta literalidad en sus letras que, en combinación con el ya explícito relato, que empañan grandes méritos en la parte técnica (la fotografía y la dirección de arte son óptimas). Porque Rolf de Heer pretende contar una historia ("la" historia de Australia, podríamos decir), la de cómo no hay Australia sin sus aborígenes y cómo perfectamente el blanco puede rehacer la historia eliminando al autóctono pero sin que esa historia pueda ser, enteramente, eliminada, como una marca que permanece en cada página de los libros. Por eso De Heer utiliza "pinturas rupestres" -contemporáneamente realizadas por Peter Coad- en algunas escenas para destacar que la historia queda impresa por los pequeños actos de los hombres o, mejor dicho, que ciertos pequeños actos pueden transformarse en "grandes historias" en el sentido romántico del término. Ah, sí, por supuesto, De Heer es un romántico.


Sin embargo, este filme no alcanza a ser lo suficientemente "representativo". Quizá porque lo es demasiado para quienes conocemos las atrocidades que el hombre blanco (y yo soy hombre blanco) ha efectuado contra el indígena y esta película vendría a ser "una más". Hay que admitir esa posibilidad -no podemos atribuírselo todo a la obviedad de las canciones... y ya que estamos, a su poca originalidad musical-, pero creo que la razón es que la película es australiana y no argentina. La universalización de la situación de penuria de los aborígenes es acertada, pero el filme, en tanto manifestación de un espíritu determinado, no nos corresponde. De algún modo, la miramos desde fuera y toca solamente el humanismo que, al decir de Hume, todos tenemos que poder encontrar en nuestro interior. Podemos recordar Catamarca, Tucumán, Salta, Jujuy con los paisajes de El rastro pero no es una obra que haya sido pensada para esos sitios sino para otro, comparable aunque netamente distinto. La intencionalidad del autor probablemente, haya hecho mella en sus compatriotas. En nosotros, despierta el dolor y la impotencia. Empero, no nos hace retornar sobre nuestro imaginario histórico. Australia está lejos, muy lejos.


De todos modos, la película alcanza requisitos que otros filme no llegan a saciar en absoluto. Y por lo menos se digna en utilizar una crueldad que por explícita no desborda el morbo y el gore sino que evoca la realidad con firmeza. Las actuaciones son también estupendas y el guión bien estructurado. Y los paisajes son para ver en la pantalla grande. Ahora, si se pretende que este filme despierte "sensación" o, incluso, "escándalo", no podrá hacerlo. La historia la crean los hombres y los hombres -históricamente determinados- son quienes han de relatarla.



Hernán A. Manzi Leites














domingo, 30 de noviembre de 2008

ROJO COMO EL CIELO

(Puntaje: 5)

Mirco Balleri (Luca Capriotti) pierde la visión de muy pequeño mientras juega con lo que no debe y sus padres, obligados por la ley italiana, deben enviarlo de su pequeño pueblo de Toscana a un instituto especial para ciegos en Génova. El niño, un poco rebelde, comenzará a incursionar en las grabaciones de sonido, inspirado en los Westerns de los que era fanático, y será ese su principal entretenimiento y el motivo de las reprimendas por parte de los directivos del colegio. A la vez, sus actitudes provocarán una revolución ideológica e institucional que, con la ayuda de Francesca, la hija de la portera (Francesca Maturanza) y de su maestro Don Giulio (Paolo Sassanelli), tomará un cauce por el que se guiará, con predictibilidad, la película entera. Es de notar que el filme está basado en un caso real, el del sonidista italiano Mirco Mencacci.

Las películas para niños son complicadas, como las películas con animales. Alguno había dicho alguna vez que directamente son malas. Es cierto, no muchas son buenas, pero tenemos excepciones (no, no Los 400 golpes, ya estamos grandes para aburrirnos tanto), y Rojo como el cielo de Cristiano Bortone lamentablemente no logra ingresar en la excepción. Si bien tiene un interesante retrato de la infancia, y una infancia particular, como la que desarrollan los no videntes, el argumento carece de la fuerza para desarrollar las interesantes cuestiones que plantea. Es una pena que su planteo resulte tan abrumadoramente llano y, en consecuencia, poco realista. En otras palabras, el director opta por la sensiblería en lugar de introducirse con mayor profundidad en los temas que propone.

Después de este comienzo poco amable de mi parte, podré decir qué es aquello que creo que la película dejó en el camino, y también lo que no dejó. En primer lugar, hay cierto Merleau-Ponty que ingresa subrepticiamente en la actitud de Mirco y sus palabras. El mundo de Mirco es el mundo de la ausencia de colores, pero a la vez muestra a sus compañeros (justificado por el hecho de que tuvo un momento de su vida de visión plena) la posibilidad de pensar los colores a través de otras imágenes sensoriales (Merleau-Ponty: el color del limón no puede desligarse de su acidez). Sin embargo, ésto no es llevado a la pantalla por Bortone a través de la sensación misma sino que es sólo el guión el que nos lo explicita, y sin demasiado énfasis. El espectador no participa de la experiencia de Mirco (amén del hecho de que se está viendo una película, aunque se verá en ella misma que esto importa poco...), solamente la lee en las imágenes donde todo está procesado y listo. En segundo lugar, está el "rojo" del título: revolution, baby. El personaje de Ettore (Marco Cocci) encarna a un ciego que participa del activismo político comunista (años '70, el "Che" Guevara...) y que se sentirá identificado con Mirco y con la queja del niño respecto a la represión de la creatividad y las condiciones de opresión en que los alumnos del colegio están sumidos. Sería un excelente punto para desarrollar, pero Bortone cae en el simplismo reformista para conformar a la soñadora clase media. Difícilmente puede extraerse un concepto distinto y original relacionado con el ámbito de los ciegos, y la escolaridad. Una pena, plantar semillas para luego no regarlas (y lo que es peor, dejar que crezcan los yuyos).



Lo que sí es absolutamente destacable del filme es la reivindicación que realiza de los sonidistas "nunca escuchados" mientras plácidamente admiramos las guirnaldas del argumento, las actuaciones y los efectos visuales. Felicitaciones Bortone, has levantado un estandarte reivindicando aspectos de tu propia actividad (lo más "rojo" de la película). Empero, creo que podemos esperar más de este director.

Las mujeres que adoran los niños, al cine. Los que aún están en momentos pre-revolucionarios, al cine. Los niños, a la cama. ¡O a ver esta película también! Si se sintieran identificados con los personajes seguramente haríamos un bien para la humanidad. Pero para nosotros, aunque no sea aburrida... ¡por favor, ya estamos grandes!


Hernán A. Manzi Leites

jueves, 27 de noviembre de 2008

LAS CHICAS DE LA LENCERÍA

(Puntaje: 5)

Suiza es uno de esos lugares que para nosotros, los latinoamericanos, es una suerte de noumeno kantiano, incognoscible, y sólo se nos da a ver el fenómeno, esto es, Los Alpes, muy lindo muy lindo, rico queso no tanto como en Holanda, cómo zafan de las guerras, tienen plata y es aburrida para vivir excepto como ermitaño o adicto en Zurich. Las chicas de la lencería es básicamente esa visión fenoménica de Suiza, y me resisto a creer que esa sea la visión de la verdadera Suiza. Sin embargo, como siempre digo, no es que exista una "verdad" necesariamente más profunda que lo que a veces se nos da a conocer, pero acordemos, seamos sinceros, en que hay visiones más estereotipadas que otras (seguramente ideológicas) y que nos alejan de ciertos contenidos sociales que para ciertas decisiones intelectuales, por muy cotidianas que sean, serían esclarecedoras y, digámoslo así, más útiles. De todos modos, algunos cantones de Suiza, como es el caso en la película de Emmental, deben luchar por mantenerse en su conservadurismo extremo para que nosotros tengamos aquella visión de la Suiza del Volk, y esto nos lo dice la directora suiza Bettina Oberli, que tiene más experiencia que nosotros. Hasta aquí, tomémosle la palabra.

La historia que cuenta Las chicas de la lencería es la de Martha Jost (Stephanie Glaser), una octogenaria viuda que ha caído en un pozo depresivo debido a la muerte de su marido, y ahora no sabe qué hacer con su vida. Ya empieza a no encontrarle sentido a muchas cosas, por ejemplo a su tienda o a su encuentro con amigas. No obstante, el encargo del conservador político Fritz (Manfred Liechti) de que cosa una nueva bandera para el coro de la ciudad, anfitriona de un próximo festival coral, hará volver a la cabeza de Martha su pasado de joven costurera con sueños parisinos. Pero Martha no era una costurera común, sino una refinada creadora de diseños de lencería. A pesar de la reticencia de sus amigas ancianas (Frieda y Hanni), Martha recibe el impulso de Lisi (Heidi Maria Glössner), una liberal mujer -nota al pie: personaje archirremanido- para retornar a esos viejos tiempos y abrir su propia tienda de lingerie. Y así como en mi jardín de infantes algunos niños se ruborizaban frente a las palabras "corpiño" y "bombacha" (hasta el punto que la "seño" tuvo que aclarar que no se trataba de "malas palabras"), el pueblo de Emmental se escandaliza frente a este intento de ruptura de la armonía preestablecida, y hará todo lo posible para que Martha vuelva a sus cabales de vieja viuda aburrida. Su hijo Walter (Hanspeter Müller-Drossaart), en lugar de defenderla, será uno de los primeros en pronunciarse en contra de su decisión. Se imaginan... ¡el párroco del pueblo!

Aquello en lo que esta película falla es su falta de radicalidad, al menos para los espectadores argentinos que podríamos llegar a verla. No hay ni una nota de escándalo posible, está todo tan lejos de nosotros que apenas nos llega el reflejo de ciertas posturas de políticos conservadores. Y ni siquiera eso, porque sabemos que los gobiernos conservadores son, más que nada reformistas y que una tontería tal como lencería cosida por una anciana sería inofensiva o incluso sería una buena propaganda. Quizá la intención de Bettina Oberli sea precisamente esa: mover al espectador por la nimiedad de los hechos que pueden llegar a querer combatir los conservadores. A veces, logra algún momento de tensión y emoción, pero en el marco de las películas "del corazón" y no dentro de una crítica a la política de la Suiza actual, como la directora efectivamente pretende. Dice Oberli que se insipiró mucho en su abuela. Con su sensiblería, se nota.

A pesar de esta neutralidad, podemos decir que el filme es agradable y no aburre, en concordancia con el éxito que tuvo en Suiza, siendo la película suiza más taquillera de los últimos veinticinco años. Y ya sabemos todos que hay tres opciones para que una película sea taquillera: porque es realmente buena, por un bombardeo comercial (lo que no quita que el filme pueda ser excelente como Batman, The Dark Night) o porque es absolutamene digerible y no dice más que lo que uno quiere escuchar. ¡La ancianidad es aún una época de plenitud!


Hernán A. Manzi Leites

jueves, 20 de noviembre de 2008

DOS AMIGOS Y UN LADRÓN

(Puntaje: 3)

Esta obra del director Jaime Lozano cuenta la historia de tres amigos cuyas vidas tomaron un destino dispar, uno empresario (Jean Pierre Noher), el otro cerrajero (Marcelo Mazzarello) y el otro un buscavidas que ya había caído en la cárcel por sus delitos (Coco Sily). En su pasado y en el presente, como esposa de Pablo el "Petiso" (Mazzarello), se interpone la sensual Mariana (Carla Conte). Aquello que los unirá a los cuatro es el robo a la compañía donde Julio (Noher) trabaja, y quien, a la sazón, puede brindar la información necesaria para que éste se concrete.


Habiendo tantos filmes sobre robos frustrados y exitosos, Dos amigos y un ladrón no se destaca entre el montón, sino, contrariamente, queda opacado por su propio "argentinismo", que deriva en un intento de articular crimen, comedia y gronchada en una película que finalmente, no puede encuadrarse sino en el género de las "nacionales" con poco brillo, pero, al parecer, de recursos inagotables a la hora de comenzar la producción. De todos modos, se vislumbra que esa es la intención de Lozano cuando los títulos de crédito del inicio hacen creer que estamos frente a una vieja producción de la Argentina de los '70.


Por su parte, Jean Pierre Noher hace un buen papel, sin brillos, al igual que Coco Sily y Mazzarello. Carla Conte, debutando en la pantalla, demuestra que sus cualidades como actriz son más cuestionables que su escultural cuerpo. Aún, empero, podemos creer que su actuación puede mejorar.

Lamentablemente, esta película no iguala a otras del mismo estilo que ampliamente la superan, como, por ejemplo, Soy tu aventura. Y, para ser sincero, difícilmente es "atrapante" y/o "graciosa".

Hernán A. Manzi Leites

jueves, 30 de octubre de 2008

MATAR A TODOS

(Puntaje: 8)

¿Acaso el fin de las dictaduras militares en América Latina terminó con el poder de las Fuerzas Armadas? Alfonsín, en nuestro país, no se veía demasiado seguro respecto a las mismas... también podemos pensar que las FFAA no fueron vencidas sino que su estadía en el gobierno se quedó sin energía. Además, ¿cómo podría haberse hecho para vencerlas efectivamente? La homogeneidad del ejército se había demostrado en 6 años de sistematización de un plan que incluyó la desaparición de 30.000 personas ¡Cómo si fuera tarea que la inseguridad de hoy en día pudiera cargarse al hombro!
Matar a todos, de Esteban Schroeder, intenta plantear la atmósfera de "fragilidad" de la democracia recientemente advenida, principalmente en el Uruguay y en Chile, pues el argumento versa sobre Eugenio Berríos, un químico que fabricaba gas sarín para Pinochet, que se refugia de quienes, como se ve al inicio del filme, lo persiguen, hecho cuya negación en sospechosas circunstancias despierta la investigación de la ayudante de un juez, Julia Gudari (Roxana Blanco), ex de un "subversivo" (Alejandro, interpretado por Darío Grandinetti), actual madre ejemplar, hija de un general del ejército uruguayo y hermana de Iván (César Troncoso) un capitán del ejército. Además, se servirá de la ayuda de Jiménez (Patricio Contreras), un periodista chileno que vive en Buenos Aires, y con esta ciudad se completa el triángulo que definitivamente estaba marcado como un "eje" durante las dictaduras -y después- en el cono sur: Santiago - Buenos Aires - Montevideo. En otras palabras, el Plan Cóndor.
Los conflictos familiares de Julia son predecibles. La primera imagen es la de La casa de los espíritus y la rebelde Blanca. Sin embargo, si fuera imprescindible encontrar similitudes, podemos recordar Missing y Z de Costa-Gavras, y me animo a aseverar que Matar a todos las iguala cuando no las supera.

Son innegables, de todos modos, los clichés de la película, en particular por la nueva movida cinematográfica que está llevando a los abogados a una suerte de nuevo héroe urbano. No obstante, Matar a todos sale graciosamente de sus propios callejones y se constituye en una película de género que no estaba presente en la filmografía de nuestros pagos. Por otra parte, el director sabe utilizar la fotografía y el montaje para plantear metáforas sobre la culpabilidad, el encierro, el rastreo infértil de información (ver conversación de Julia con el niño: "No encuentro a mi perro" "¿Cómo se llama tu perro?" "Azabache" "¿Qué le pasó?" "Se perdió"... paráfrasis) y el control constante, la sensación de que nos están observando de algún lado (aquí, los planos aéreos, cuya utilización es muy acertada para el dinamismo del filme).

Calidad, contenido, historia y buenas actuaciones se encuentran presentes a lo largo de este filme que nos mantiene en vilo delicadamente, sin sobresaltos innecesarios. Probablemente sea una de las películas más ambiciosas (es una película argentino-chilena-alemana-uruguaya), en relación a los temas que plantea y a su producción. Ayer vi Los edukadores y creo que la frase final puede servir para sintetizar cierto objetivo del filme: "Hay personas que nunca cambian". Pero las situaciones sí pueden cambiar. Algunos podrán sentirse orgullosos de que teníamos nuestro propio "eje del mal".

Hernán A. Manzi Leites

http://www.mataratodos.com/

miércoles, 29 de octubre de 2008

EL EXTRAÑO MUNDO DE JACK 3D

(Puntaje: 8)

ESTA NAVIDAD, SESOS
Resulta bastante escabroso criticar esta película por varios hechos puntuales que quitan o suman virtudes a la obra (y estas virtudes son relativas al público que las ve), en tanto se presenta en un formato bastante novedoso para los argentinos, el tridimensional. Por eso me parece conveniente hacer algunas aclaraciones.
Por un lado, esta versión apunta a los niños, tanto por el atractivo del 3D como por su doblaje al español, lamentablemente, español de España. Esto último no es tan bueno, puesto que también la traducción de los musicales anglófonos en España suele ser distinta, y siendo The nightmare before Christmas básicamente un musical, hay diferencias notorias no siempre "fieles" a la compaginación de música y contenido. De todos modos, esto no tiene mucho sentido, como suele decir la gente cool vulgar de ahora (ojalá pudiera decir los "snobs"), "es lo que hay, man". Así que respecto al doblaje, están advertidos. Los niños, no se preocupen que de esto ni noticia.
Por otra parte, el filme puede verse sólo en el Cinemark Palermo, que recientemente inauguró (con el recital de Hannah Montana en 3D) una sala diseñada para las 3 dimensiones, mediante la utilización del público de unos "lentes mágicos" de plástico, y no de cartón como solían ser antaño. Esto significa: este reestreno no es un reestreno con todas las letras. Desconozco el precio de la entrada a esa sala. Quizá no difiera, pero al menos está ubicada en una zona no céntrica, como casualmente todos los cines de "cadena", a excepción del Atlas Lavalle, que devino "cadena", pero se mantiene dentro de los márgenes de los cines clásicos, y quizá, ahora sí de la línea Cinemark, el Cinemark Puerto Madero (si Puerto Madero estuviera más lejos del centro, para los inversores ésto no hubiera dado problema alguno tampoco).
Por último, aún dentro de este "prólogo", he de notar algo que no se le escapa a casi nadie, esto es, el hecho de que Halloween y la Navidad no tienen el mismo "poder" ni el mismo significado aquí en Argentina que en los EEUU u otras partes del mundo, incluso latinas. Me han comentado, sin embargo, que en algunos countries y barrios exclusivos -o aparentemente tales- ya están comenzando a festejar Halloween. Para pensar.Halloween y Navidad, son, además, dos fiestas religiosas y su "paganización" no puede verse sino una suerte de sincretismo o, mejor dicho, el sincretismo enmascara la fuerza religiosa de estas fiestas y su relación con la estructura económica de poder. Nuestros hijos de ello no se percatan, y pocos son los que pretenden que vean las cosas como son.



Ahora sí, El extraño mundo de Jack, con todos los "peros" de este reestreno, es muy bienvenido. Mientras no desaparezcan las "fiestas", esta película tendrá vigencia. Argumentalmente, para quienes no la hayan visto, va a continuación. Existen diferentes "tierras" cuyos habitantes son los encargados de llevar adelante la celebración de las distintas fiestas (Navidad, Pascuas, Halloween, etc.) y Jack Skellington es un esqueleto que conduce, como animador y organizador, todos los preparativos que conducen finalmente a Halloween. Los habitantes de la tierra de Halloween son espantosísimos y viven para esta fiesta, pero Jack comienza a sentir que se aburre de hacer siempre lo mismo, y la visión de la tierra de Navidad lo anima a apropiarse de ella por ese año. Algunos lo apoyarán y otros no tanto, como una Frankenstein de trapo enamorada del esqueleto, quien lo desaconsejará de su emprendimiento, que finalmente es aceptado por la comunidad antes de la realización del clásico Halloween.
El creador, Tim Burton (pues el director es Henry Selick), cosifica las fiestas y el imaginerío popular para realizar una crítica que indudablemente para los yanquis es aguda: no queremos que nada cambie. Y, en cierto sentido, la posición de Burton es ambigua, ya que tras este aguijonazo, finalmente, todo parece que debe volver a la "normalidad". Sin embargo, la combinación que Burton hace de los antagonistas Halloween y Navidad, es hilarante y muy original, da lugar a las risas, a la "politicidad" del contenido, y, como siempre en una película dirigida por Disney, al llanto.
Otro aspecto que considero positivo es la revitalización de un "dibujo animado" que en sí no es tal, ya que se trata de muñecos puestos en acción -muchos quizá en digital, pero no importa-, y se escapa de la cada-vez-más-real animación de hoy en día. Los muñecos, ya de por sí en tanto muñecos, ensamblados, rotos, derretidos, horrorosos, le añaden terror a la oscuridad de Halloween y de la película. Porque lo que Burton pretende es, precisamente, tomar Halloween (y las otras celebraciones) como un "sueño", sólo que Halloween es más bien una "pesadilla" (nightmare).

Para los más grandes, existen también otros guiños metafóricos, como el caso de la pobre Frankenstein, cuyo nombre es Sally. Ella debe descoser sus propios miembros para escapara de las manos de su creador, un científico loco en silla de ruedas. Con Sally tenemos las escenas más "fuertes" de la película, aunque, en otros aspectos, los más trillados. También podemos ver cómo Burton apunta hacia lo que las fiestas traen consigo de "insano" (juego, exceos en general) en el personaje de Oogie Boogie.
Y para los más chicos, un placer. De todos modos, en esta película todo está lejos de ser color de rosa, por supuesto que no hay sangre, pero hay, así como en Bambi, armas de fuego y, bueno, muchos gusanos y cosas feas. Esto está igualmente muy lejos de lo que pueden llegar a ver estos días por la televisión. Yo creo que este filme podrán disfrutarlo, en su versión 3D, tanto chicos como grandes (aunque quizá el español gallego no agrade tanto). Ojalá las escuelas lleven a sus alumnos a ver esta obra; es lo único que se me ocurre proponer frente a la "exclusividad" de la propuesta -no sólo porque es la sala "Coca Cola" en "Cinemark", sino porque en efecto tampoco existen otras salas donde se desarrollen eventos de este tipo-. Ah, sí cierto que también es una película de "culto"... pero por favor no la banalicemos.

¡HORRIBLE NAVIDAD PARA TODOS!

Hernán A. Manzi Leites

domingo, 5 de octubre de 2008

LA PRINCESA DE NEBRASKA

(Puntaje: 6)


Parecería que el tema de las posiblidades de la mujer frente a un embarazo indeseado se ha vuelto recurrente en la cinematografía contemporánea. Las salidas más felices las han dado películas como Knocked Up y La joven vida de Juno, mientras que su contraparte abortista está en 4 meses, 3 semanas y 2 días. El film de Wayne Wang, La princesa de Nebraska es en cierto modo el híbrido posmoderno entre Juno y 4 meses..., y revuelve no solo en la temática del aborto, sino también en la de la inmigración oriental a los países occidentalizados.

La protagonista de La princesa, a saber, Sasha, es una joven china que estudia en la Universidad de Nebraska con el plan de abrirse oportunidades laborales dentro de los EEUU. Sin embargo, su ambición es interrumpida al haberse quedado embarazada de un estudiante de la ópera de Pekín, quien no sólo la ha abandonado a ella sino también a su pareja homosexual, un estadounidense que viaja por trabajo a China y que, a la sazón, hospeda a Sasha en su hogar para que pueda realizarse un aborto en la ciudad de San Francisco. El almodovarismo de esta historia se complementa con las aventuras urbo trash que la chica va a vivir durante las 24 hs. desde que llega al aeropuerto hasta que finalmente visita la clínica con el fin de interrumpir el embarazo.



La mayor virtud del film es probablemente lograr reflejar el hecho de que se trata de una decisión individual, a través de metáforas (por cierto bastante burdas) del aborto en sus acciones, las grabaciones de su celular, su diario íntimo, sus relaciones con el resto de la gente, etc.. Y de todas ellas se concluye lo mismo: está sola para tomar la decisión, a pesar del apoyo externo que pueda llegar a recibir. Afortunadamente, al espectador no le adviene el sentimiento de la compasión, sino todo lo contrario. Esta muchacha es un caso perdido. Dije "afortunadamente" ya que no pretende jugar con justificaciones del aborto tales como pobreza, violación, edad (al menos esto último no en los términos de Juno), etc. sino que la oscuridad del personaje principal produce hasta rechazo.

Empero, a la luz de cómo concluye el film (y adelanto que la escena final es de esas que me hacen detestar el cine arte) se vislumbra una obra con una mera finalidad "edificante", "educativa". Y que su contenido es abosolutamente no-movilizador. No porque sea estrictamente "reaccionario". El cine no puede atravesar la ideología y atraparla in fraganti. Se convocan "prejuicios" de la "puta", la "calle", el "robo"... Pre-juicio es que tenemos una decisión tomada.


PRE-JUICIO

A esta palabra podemos abordarla de dos modos: como ya poseer un juicio sobre algo y que no haya juicio luego, sino la inmediatez de la sentencia, y, por otro lado, podemos pensarla como el momento anterior al juicio. Cuando uno mira La princesa de Nebraska se aferra a algún juicio previo o utiliza al filme como una suerte de "propedéutica" del mismo. Además de todo lo que el "prejuicio" puede llegar a implicar cuando se lo elige como palabra clave para interpretar una obra.
Lástima que una agradable simplicidad en el relato deba, para Wayne Wang, ser compensada con detalles que, de tan profundos, hunden el interés del espectador y desmerecen una película que, por mejor llevada que esté, it's no news.

Hernán A. Manzi Leites