martes, 16 de marzo de 2010

ESTÁN TODOS BIEN

(Puntaje: 6)

Robert De Niro interpreta a un viejo viudo, oxidado y anticuado, que decide, tras las sucesivas cancelaciones de sus hijos a una reunión familiar por él organizada, visitar a todos ellos -en contra de las indicaciones de su médico-, recorriendo así gran parte de los Estados Unidos en tren y micro. En lugar de una agradable sorpresa, sus hijos, ya mayores, lo reciben con poco entusiasmo, a la vez que esconden o trastocan hechos de su vida, lo que genera sospechas en el viudo Frank Goode (De Niro). Amy (Kate Beckinsale) oculta sus problemas de pareja, Robert (Sam Rockwell) no es ningún director de orquesta, sino que se dedica a la eternamente rebajada percusión, Rosie (Drew Barrymore) es quizá menos exitosa como bailarina en Las Vegas que lo que su padre cree, y David... todos están preocupados por David.

El film, dirigido por Kirk Jones -quien también se encargó del guión- está basado en una película italiana de Giuseppe Tornatore, Stanno Tutti Bene, aunque, claro, la familia italiana y los valores de dicho país europeo (me refiero también a los valores cinematográficos) no son los mismos que para los estadounidenses. El resultado, será, por ende, distinto. Principalmente, y con acierto, se trata de road movie. El viaje de Goode es central, y el director utiliza una metáfora quizá un poco burda para darle sentido a todo esto, que consiste en que el viejo había trabajado recubriendo de PVC los cables de teléfono, y la comunicación con sus hijos resultaba, al presente, imposible y dificultosa por ese u otros medios. Más allá de esto, hay ciertos datos importantes en cuanto a la realización del film. Si bien es una road movie "light", el trabajo de fotografía y arte es destacable, teniendo en cuenta que en la película se visitan Denver, New York, Las Vegas y Chicago , y el rodaje se produjo casi en su totalidad en el estado de Connecticut. Por supuesto, una cámara de alta definición Panavision Genesis ayudó bastante.

El guión de Everybody is fine entretiene decentemente al público, con los golpes bajos y los toques de humor bien llevados por los intérpretes. Quizá la repercusión de la temática "familiar" fluctúe según en qué relación se encuentre uno con la propia familia, esto es, dependiendo de cómo el film tenga un asidero para construir vínculos con el espectador. El screenplay, no obstante, pudo haber tenido alguna modificación que lo apartara de un final típico de Hollywood, pero prefirió quedarse con su estructura de actores famosos y lemas bonitos sobre la familia.
Por esta razón, y por la carencia de otros motivos de excitación a lo largo del film, Están todos bien se convierte en un film muy acomodado a los gustos de un público que no espera demasiado y que prefiere menos cine y más cháchara.
Siempre insisto en la experiencia de ir al cine y ver todo lo que se pueda (aunque hay entradas que cuestan lo que mejor hubiera sido haber ahorrado), pero sin mucho daño podemos esperar al estreno en televisión. Esta producción de Kirk Jones no deja de tener, empero, unos bocados de agradable sabor.




[De Niro con el director Kirk Jones]

Hernán A. Manzi Leites

domingo, 7 de marzo de 2010

EL SECRETO DE SUS OJOS

(Puntaje: 8)


Suenan bombos y platillos como en 1986, cuando Argentina recibió un premio Oscar por la película La historia oficial, debido al galardón que recibió El secreto de sus ojos, como mejor film de habla no inglesa. ¿Pero cuál es la importancia de los Oscar para nosotros, los argentinos? En primer lugar, le tenemos bastante respeto a la Academia de cine estadounidense, ya que a este país se circunscribe la citada organización cinematográfica. En segundo lugar, un Oscar implica un despegue comercial inusitado, que con el éxito ya obtenido en las salas locales (y en dvd) el film del director Juan José Campanella puede convertirse en la película argentina más taquillera en la historia del cine nacional -si no es que la suposición me falla y ya lo es. Pero dejando la cháchara y los premios de lado, El secreto de sus ojos es una obra de la que podremos hablar con toda decencia y gusto.

El secreto de sus ojos es la historia de un simple perito mercantil (Benjamín Espósito, interpretado por Ricardo Darín) que trabaja en un juzgado penal en la capital argentina. Ya jubilado, quiere recomponer en una novela una de los casos más traumáticos por los que debió atravesar: la violación y posterior asesinato de una bella joven, recién casada. En aquel momento, Espósito no pudo permanecer indiferente a la situación y al dolor del viudo (Pablo Rago) y encaró personalmente la investigación, a pesar de las trabas y la corrupción de la policía y de los jueces, como su superior Lacalle (Mario Alarcón). El joven Espósito contará, en su tarea, con la ayuda de su compañero de trabajo y amigo, Pablo Sandoval (Guillermo Francella), y con la colaboración eventual de su jefa, Irene Menéndez Hastings (Soledad Villamil), hacia quien se siente particularmente atraido. Realizando una labor de investigador privado, Espósito se dará cuenta que muchas veces destapar una olla podrida trae mal olor y que, a falta de pruebas, sólo queda seguir lo que el instinto indica (ahora, pues, se comprende mejor el título de la obra).
El film de Campanella definitivamente enfila hacia el thriller con rezagos del policial clásico. Por ejemplo, la investigación se realiza de manera independiente a los organismos oficiales y la trama, por otra parte, posee una estructura donde el "dato oculto" y el posterior develamiento de los "verdaderos" sucesos juegan un papel capital. De todos modos, Campanella y su co-guionista y autor de la novela en la que se basa la película, Eduardo Sacheri, no reducen el argumento pura y exclusivamente a la resolución del crimen, sino que lo llevan hacia otros terrenos, de los que no podremos discutir sin pasar por un plot spoiler. Así que, antes que eso, abordemos la crítica más general.
Lo menos brillante de la organización argumental es, precisamente, cómo el final, si bien dotado de una tonalidad placentera y acorde al film, se muestra como un momentum donde la tensión ha explotado: ya no hay más que decir al respecto, el misterio está resuelto. El director insiste -y por ello la alusión al policial clásico, aunque hoy en día películas como Los hombres que no amaban a las mujeres tienen formatos bastante similares- con mostrar el razonamiento de Espósito, surgido en primer lugar por inspiración, como aquello que el espectador ha de disfrutar y en lo cual se ha de entrometer personalmente. La virtud es, por supuesto, que Campanella logra su cometido y la película resulta atrapante, aunque este método carece de la sutileza y tensión que otros artistas pueden proveer escena tras escena sin necesidad de ninguna olla que destapar. Cabe mencionar, no obstante, como sí se logra, en ciertas escenas aisladas, una calidad admirable, donde el disfrute del público (o quizá el sufrimiento) está asegurado.

Como todo aquí me lleva a hablar de lo que no puedo hablar, hay que felicitar al cuerpo técnico, cuyo montaje (esencial para los flashbacks, muy bien organizados en relación con el guión), fotografía, vestuario y maquillaje resulta superlativo. Cómo no destacar, además, las actuaciones, fundadas en el trabajo personal de un actor (Francella, quien siempre se dedicó a la comedia, aquí en un papel dramático) o en lo radiante de una personalidad (la increíble Soledad Villamil). El guión, por otra parte, refleja acertadamente tanto los "argentinismos" como los modos típicos de la vida y los trabajadores de los tribunales o una pasión tan argentina como el fútbol (las escenas en el "Palacio", de una gran destreza técnica, no pudieron producirme sino un orgullo de buen quemero).

[Desde aquí PLOT SPOILER: si no ha visto la película, por favor no siga leyendo.]





Existe en el archivo fotográfico de nuestra República Argentina, una imagen donde se ve a Juan Domingo Perón en un acto y detrás de él se distingue, como escolta oficial, la figura de un entonces joven Jorge Rafael Videla. Lamentablemente, no pude encontrar nuevamente la fotografía, que una vez vi en un documental hace años. De todos modos, sí podemos encontrar la imagen de Isabel Martínez de Perón junto al dictador argentino Videla. El secreto de sus ojos retoma inteligentemente esta escena con la aparición de Isidoro Gómez detrás de la ex-presidente. Campanella intenta hacer reaparecer del imaginario y la memoria colectiva (si es que esa entidad existe) aquellas escenas que tanto dolor causaron a nuestra nación. Aquel fue el comienzo de la dictadura más sangrienta de nuestra historia, con el "Brujo" López Rega y su organización, a la que aduzco pertenece el nefasto personaje de la película, la Triple A (Asociación Anticomunista Argentina). La perversión de Gómez no debe extrañarnos como una de sus características: ningún torturador está exento de la más grave corrupción mental. La escena en la cual él entra en el ascensor junto a Irene y Espósito -quizá la mejor lograda- es representativa del modo en que muchos argentinos vivían, perseguidos, acorralados y amenazados.
Este tenor político fue, como hace veinticinco años, uno de los motivos que contribuyó al éxito de la película en la Academia de Hollywood. Irónico ¿verdad? Cuando los EEUU apoyaron intelectual y económicamente a las dictaduras latinoamericanas, que respondieron consecuentemente aplicando el neoliberalismo vendepatria que tanto conocimos en períodos democráticos también. El tratamiento del tema en El secreto de sus ojos si bien no es del todo profundo, no resulta meramente un agregado. Es crucial comprender la introducción de este elemento histórico dentro de la discusión en torno a la pena de los criminales de Estado.
Con esto último, me refiero a la conclusión de la película, cómo el viudo Ricardo Morales decide ejecutar la pena con su propia mano, sin intermediarios oficiales. A quién no le parecería justa esta pena, aun con tintes de venganza personal, para, por ejemplo, Videla, Massera, Menéndez o Astiz. No podemos dedidir la justicia de este acto aquí: reservo mi opinión, sólo reproduzco lo que puede sentir el espectador de El secreto... . No obstante, con astucia Campanella pone un grado de perversión también en el personaje interpretado por Rago. De allí lo que decíamos más arriba, a saber, que el final tiene una tónica inteligente y acorde a aquella situación que describe.

Mis esperanzas están puestas en que estos temas se lleven, con el premio y el triunfo de crítica y espectadores, al debate público. Pocas veces lo logra una película cuando se sumerge en la banalidad de la taquilla y el éxito masivo. Hoy escuché en los noticieros cómo los conductores comentaban la película con Campanella y Francella: la mitad del tiempo hablaron de Racing.

Hernán A. Manzi Leites






























miércoles, 3 de marzo de 2010

UN MALDITO POLICÍA EN NUEVA ORLEANS

(Puntaje: 10)

DURÍSIMO DE MATAR


Llega a nuestras pantallas la película de uno de los grandes directores de la historia del cine, me refiero al alemán Werner Herzog. A primera vista, nada excepto su renombre que se trata de un gran film. Los actores que protagonizan esta historia, ambientada en la Nueva Orleans actual, son clásicos del más mediocre policial hollywoodense: Nicolas Cage, Eva Mendes y Val Kilmer. No obstante, esta producción demuestra, una vez más, cómo la mano de un director y de un equipo técnico pertinente puede brindar nuevos aires a un género que, en manos de los cineastas del gran imperio del norte, se hallaba retrasado o al servicio de la billetera de un decadente Robert De Niro.

El "maldito policía" no es más el Harvey Keitel del Bad Lieutenant de Abel Ferrara, sino Nicolas Cage en el papel del recientemente ascendido -por sus valerosos actos- Teniente Terence McDonough, quien deberá encargarse, con la confianza de su superior, del caso de la masacre de cinco inmigrantes senegaleses a manos de un grupo de narcotraficantes de la ciudad sureña. Tras sencillas investigaciones, se descubre quién está detrás del asunto, pero la policía carece de pruebas suficientes para culpar al líder de la banda, conocido como Big Fate (Xzibit). McDonough, quien ama su trabajo y lo dirige con destreza, no puede, sin embargo, controlar dos de sus adicciones. Una, el amor por Frankie Donnenfeld (Mendes), prostituta de lujo que le profesa al policía verdadero cariño, y de quien también recibe ésta protección de sus oscuros y ricos clientes. Por otra parte, el teniente es adicto a la cocaína, y quién más que un policía para obtenerla fresca y variada.
La destreza principal de Herzog consiste en no generar un personaje, por decirlo hegelianamente, "unilateral", sino "dialéctico". No vemos en McDonough ni al policía bueno, ni al malo. O mejor aun, vemos al malo haciendo su trabajo, hasta el punto de que el espectador podría conformarse con considerar al personaje de Cage como un paradigma de lo que podría ser la corrupción policial "eficaz". Por otra parte, McDonough es más que eficiencia. Es todo lo bueno que podría ser, pero es, llanamente, un hijo de puta. En este sentido, la construcción del bad lieutenant de Herzog es elogiable, porque es también esta estructura dialéctico-bipolar (es decir: unitaria) lo que las escenas, reflejo del teniente, pretenden enseñar.
Claro que la intención del director no deja de lado la esfera política. Esta negatividad positiva se trasluce en la elección de la ciudad del policial, Nueva Orleans, centro urbano alejado de otros sitios del norte de los EEUU, como Boston, Chicago y Nueva York, privilegiadas locaciones para los clásicos conflictos entre la policía y alguna mafia extranjerizante. La citada ciudad del estado de Louisiana fue víctima, hace relativamente poco, del huracán Katrina, y es conocido cómo el entonces presidente George Walker Bush prestó poca atención a la población local durante el desastre. Total, eran todos negros y pobres. Inteligentemente, Herzog alude a esta catástrofe natural al principio de su obra, demostrando que no es sólo "color" lo que añade Nueva Orleans a Bad Lieutenant (¡y sí que le pone mucha onda!).
Queda por decir que la trama de Bad Lieutenant. Port of call: New Orleans no tiene fisuras o desviaciones. Aquel resumen argumental que se proveyó más arriba es pertinente y recorre los 120 minutos de duración del film, sin que al espectador se le escape la tensión propia de todo thriller. Otros colegas críticos, he escuchado, aducen una excesiva longitud a la cinta. No lo negaría terminantemente, y quizá parte del público no se sienta atraido por la locura de Herzog, e incluso por su humor, que supera en risa o desparpajo a las comedias que tratan de levantarnos el ánimo. Algunas butacas abandonadas (asistí a una Avant première, no a una función exclusiva para la prensa) muestran que el gustito Herzog, que fácticamente es la afición por lo cotidiano y lo prohibido, no es digerible para cualquier dama de película inofensiva del corazón. Sin embargo, eso no es sorpresa para los cinéfilos, que buscamos baldazos de locura y escenas inexplicables e imprescindibles. Por fortuna, Herzog no usa aquí esos cuadros de belleza estática y aburrida de otros realizadores, quienes prefieren el drama para no introducirse en lo más complicado del cine: los géneros.

En suma, la mano de Werner Herzog ha logrado sacar a flote toda la mierda que andaba dando vueltas, lección que he aprendido de Un maldito policía... . La riqueza de esta enseñanza estriba en el hecho de no poder aprehender una posición moral unívoca por parte de Herzog. El punto débil de un argumento es su punto más fuerte desde otra perspectiva. Por tonto que parezca, jamás querrían nuestras fuerzas de seguridad actuales un debate como el que puede surgir de esta película. Porque para ellos es mejor tener argumentos para justificar una cosa u otra, pero lo más peligroso es originar un debate en el que pensar y discutir sea lo crucial. Para el goce del espectador, Terence McDonough se pasa los argumentos por el traste.







Hernán A. Manzi Leites

lunes, 1 de marzo de 2010

ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS (3-D)

(Puntaje: 6)

LOS CHICOS QUIEREN GUERRA


Qué más puede pedir el fanático de Tim Burton, o el amante de los colores, o el amante de los alucinógenos, que una nueva versión de Alice in Wonderland, dirigida por el ya nombrado cineasta que tantas veces entusiasmó al mundo del séptimo arte, con películas como The Nightmare Before Christmas, Ed Wood y la excelente El joven manos de tijera. Por otra parte, Burton acierta en encargar un guión que combine la novela de Lewis Carroll Alicia en el país de las maravillas con su secuela Alicia a través del espejo, lo cual torna novedoso también el argumento de la vieja película de dibujos animados de Disney, quien, a la sazón, produce este nueva entrega con actores y animación en tres dimensiones.
Quienes recuerdan a esa Alicia soñadora (Mia Wasikowska), deben modificar un poco esa idea, ya que aquí Alicia está más crecidita, ya casi con veinte años, y las responsabilidades sociales de una niña londinense de la clase acomodada no se adecúan a los delirios de los conejos con chaleco y reloj y un sonriente gato. Ella se da cuenta de que el tiempo ha pasado y que quizá ya no esté para tanto jaleo, y cuando repentinamente cae en el agujero del árbol, descubre que el mundo que ella había nombrado "País de las maravillas", es el "Inframundo". Escindido por una guerra entre dos hermanas, la bondadosa Mirana, la Reina Blanca (Anne Hathaway), y la malvada y cabezona Iracebeth, la Reina Roja (Helena Bonham-Carter, quién más), esa tierra espera la llegada de Alicia, puesto que el oráculo dictaminó que ella habría de librarlos de la terrible mascota-monstruo de Iracebeth. En su ayuda acudirán todos los personajes clásicos del viejo film de Disney, incluyendo a un Sombrerero Loco (trastornado por las secuelas que le dejó el mercurio utilizado en su oficio) interpretado por, como era de esperarse, Johnny Depp.
El giro de esta nueva versión es claramente bélico, siguiendo una línea que ya aburre, muy similar a Las Crónicas de Narnia. Siempre los británicos supieron meterse en guerras, como la de El Señor de los Anillos, siguiendo con su leit-motiv épico. Este patrón aparta a esta Alicia... de la fantasía y los problemas de una niña, aunque no por ello se lucen menos sus personajes, en particular, aquellos que componen la corte de la Reina Roja o el desquiciado té del Sombrerero y la Liebre.
Por otro lado, la reflexión o "mensaje" de esta nueva película de Burton es poco profunda, y se reduce a un "nunca dejes de soñar", que deriva en "así te va a ir bien en los negocios". Algunos dirán que se trata de un sabio consejo, mientras que otros -me incluyo- creerán en la "bajada de línea" de ese capitalismo conquistador que hoy existe y que, en la época en la que se sitúa el film, se encontraba en la plenitud de su vigor, dirigiéndose a la búsqueda de nuevos y lejanos puertos para vender manufactura y destruir la manufactura local.

El espectador elogiará los efectos especiales (de los cuales nadie se hubiera atrevido a dudar en una producción de este género) y ciertas personificaciones, pero no podrá revivir la misma magia o la misma locura de su versión animada, aun con un guión muy divergente respecto de esta última. El "estilo" Burton se encuentra hoy más en sus diseños y colores que en el remolino de lo fantástico y paranormal. Con otras palabras, el afamado director cae en esa repetición del "género fantástico", tan solicitado por las taquillas actuales. En lo personal, brindo porque otros cineastas, como Sam Raimi, sigan llevando la fantasía con más guión e ingenio que fancy clothes y sombreros bonitos.





Hernán A. Manzi Leites

viernes, 19 de febrero de 2010

TOY STORY 2 (3-D)

(Puntaje: 6)



La furia del 3-D sigue renovando viejas películas, esta vez las dos primeras de Toy Story, aunque aquí nos ocuparemos de su segunda entrega, definitivamente menos emocionante que la primera, pues claro, es también menos original. Claro que la Disney no da puntada sin hilo: proximamente se estrenará una tercera Toy Story.

Toy Story fue bastante revolucionaria en cuanto a animación se refiere; de hecho, fue el inicio de lo que hoy conocemos con Pixar Animation Studios, que nos ha regalado grandes films, como Wall-E o Ratatouille. Quienes andamos por nuestros veintessss, recordamos la película de los juguetes como un ícono de nuestra infancia. Es más, la tengo en VHS. Cuando apareció Toy Story 2 hubo cierto revuelo en mi interior, en un momento en el cual uno se aferra a los personajes más que al argumento (como cuando en Disney Channel sacan tres versiones más, de ínfima calidad, de La Sirenita). Ojalá a muchos niños, desencantados de la fantasía por películas que la explotan con varita mágica, puedan volver a ver estas obras y a revalorizar los juguetes, en detrimento de las computadoras que, oh paradoja, posibilitan la creación de las animaciones.

El Sheriff Woody es un viejo juguete de trapo que cuando se le tira de una cuerda comenta todo lo que pasa en el oeste ("hay una serpiente en mi bota") y a su dueño Andy le encanta llevarlo por las travesías de todo vaquero... incluyendo al espacio exterior. Sin embargo, este espacio exterior es mucho más conocido por Buzz Lightyear, muñeco de complejidad superior a Woody, quien en un momento tuvo sus roces con el cowboy, pero ahora se encuentran todos en perfecta armonía. Así como evolucionó la relación entre los juguetes (el gracioso dinosaurio, el señor y la señora cara de papa, el chanchito, el salchicha de resorte, los soldaditos, etc.), Andy está creciendo y esta sombra amenaza los días de felicidad de estos seres "inanimados" (palabra prohibida para Disney), que, por otra parte, no son eternos. De este modo, un viejo pingüino de goma que ya no rechina más cae presa de una subasta de jardín, en la que el dueño de una juguetería logra, tras un rescate del pingüino por el valiente Woody, hacerse con el fiel amigo de trapo de Andy. Pero ni Buzz ni el resto de sus compañeros van a permitir que Andy se quede sin su juguete predilecto.

Podemos destacar dos temas centrales de Toy Story 2, uno de los cuales, acorde con la Disney, es el más sentimental, a saber, la cuestión de la fidelidad y la amistad. Cuando Woody es secuestrado se encuentra con otros muñecos vaqueros pertenecientes a la colección de la que él originalmente formaba parte. Éstos ven que al fin el miembro faltante de la "familia" había sido hallado y que, por ende, podrían ir todos juntos a un museo de Tokio, escapando a la oscura caja a la que habían sido confinados por tratarse de una serie incompleta. El debate interno de Woody consistirá, pues, en volver con su amo Andy y sus amigos juguetes, aun cuando sabe que su relación será por cierto tiempo (la vaquerita relatará su historia en la canción ganadora del Oscar When she loved me), o acceder a permanecer con sus nuevos compañeros, liberarlos de la caja y ser admirados eternamente por los visitantes al museo. Esto nos da pie al segundo tema que abre la película que, a su vez, tiene dos aristas, una la propiamente argumental, vista desde la perspectiva de los juguetes y la otra desde el punto de vista del coleccionismo. La primera es respuesta por Buzz tajantemente: fuimos creados para que los niños jugaran con nosotros; permanecer en un museo es renunciar a nunca ser amado de verdad por alguien. El segundo tópico es el del coleccionismo y las fuertes exigencias de este negocio, como el hecho de que un juguete valga más cuando se encuentra en su caja original (quién se olvida de Steve Carrell coleccionando juguetes en Virgen a los 40). Para quienes no están metidos en este negocio o hobbie, es difícil comprenderlo. Pero a ellos les preguntaría cuánto usan la tetera "buena" de porcelana de la abuela, o si dejarían que una niña de seis años juegue con la muñeca cabeza de biscuit. El centro del tema radica en qué se privilegia, si el valor de cambio o el valor de uso. Una pena que Disney haya "cazado brujas" en lugar de enseñar a sus descendientes intelectuales que retomaran estos problemas del marxismo, que Toy Story 2 sólo enuncia.

Como se puede apreciar, este relanzamiento en tres dimensiones de Toy Story 2 no alcanza a cumplir las expectativas de originalidad de otras películas de Pixar (Monsters Inc.) o a desarrollar ciertos temas con algún tipo de énfasis o profundidad (Up o Wall-E). El 3-D tampoco sorprenderá demasiado, sólo le agrega una textura interesante. No obstante, podemos guardar las municiones para otras obras que no merecen tanto respeto, ya que, como mi memoria me lo indica, yo también fui niño y celebro todo intento por revalorizar aquellas actividades que con el mundo de la computación intentan ser derribadas. No sé hasta qué punto puede tener éxito esta empresa destructora, que amenaza la imaginación de un niño. Puedo basarme en algo sencillo: la cantidad de niños sin computadora, lo cual incluye a niños que no tienen qué comer. Por suerte a ellos les queda la pelota y la rayuela, pero nunca debería eso distraernos de la lucha porque tengan cubiertas sus necesidades básicas, comida, salud, amor y la libertad de pensamiento y creación.


Hernán A. Manzi Leites

AVATAR

Sorpresa: no tuve la oportunidad de ver Avatar, de James Cameron. Pero para interesados, un amigo, Rodrigo Rocca, publicó una crítica en su blog, www.eneroavellana.com.ar . Les dejé allí la dirección y acá va el link, porque no sé cómo copiar directamente la nota. Les mando saludos. Hernán.

http://www.eneroavellana.com.ar/2010/01/save-indians.html

lunes, 15 de febrero de 2010

CINCO DÍAS SIN NORA

(Puntaje: 6)
Retorno hace dos días de la vacaciones: acá tienen una película que se estrenó ya hace un par de semanas. Con el apuro de la partida no pude escribir antes en la crítica. Así que volvemos a la "normalidad". Saludos a todos, lectores.
Por fin Nora logra suicidarse. Quince intentos de suicidio no son poco, más a una edad avanzada como la de ella. Pero Nora es calculadora y deja todo listo para que su familia celebre unas festividades judías, que por esos días se celebraban, con abundante comida. Esta precisión y el articulado planeamiento de sus acciones es lo que siempre perturbó a su ex marido José (Fernando Luján), y él no tiene dudas de que esa actitud fue una de las causas de su divorcio hace ya varios años. Su antigua mujer, ahora difunta, había escogido esa fecha para suicidarse con el fin de que se removiera el arenal que yacía bajo el peso de tradiciones ancestrales (las judías) y fardos familiares. Por supuesto, Nora sabía que el rabino Jacowitz iba a seguir estrictamente la ley judía, y que entonces su entierro se demoraría por unos días, más aún, sumándole la complicación de que el suicidio pondría más piedras en la rueda que un fallecimiento natural. Harto de esta manipulación de ultratumba, José toma decisiones drásticas que no harán, al fin y al cabo, sino sumar problemas con la familia, los extraños y la difunta.
Mariana Chenillo, la directora de este film mexicano, nos ofrece con Cinco días sin Nora, una comedia de finos rasgos y algún buen momento de dramatismo. Sin embargo, aun cuando nuestro cuerpo adora las carcajadas, la categoría "comedia" (y ni hablar de "comedia negra") no ha de ser tomada como sinónimo de risas, a pesar de que existen muchos chistes con difuntos. La connotación general de la película es la añoranza y las relaciones familiares, lo cual podría haber incitado a la directora a elaborar un drama. Por fortuna, no fue esta su postura y el film llega a buen puerto, en particular hacia el final, tras un principio sostenido centralmente por la actuación de Fernando Luján y la aptitud técnica de la crew.
Por otro lado, el mérito de la película de Chenillo es su trabajo en la emotividad de los personajes y las escenas: los protagonistas no paran de mostrar su personalidad y, sin embargo, esta resulta ser una mera máscara que logrará develarse en el transcurso del relato. El modo en que la directora opera con estos cambios y revelaciones es sutil y sostienen, como ningún otro elemento, los cimientos de la obra.
Cinco días sin Nora ha ganado varios premios internacionales, como el Astor de Oro a la mejor película en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata o un galardón equivalente en el festival de cine latinoamericano de Biarritz, entre otros. Es difícil decir que el espectador pueda sentirse "decepcionado" con este film de sutiles trazos y suavidad ATP, pero también sería excesivo situarlo encabezando una lista de obras "impactantes". Personalmente, considero que la falla está en no darle al humor "de risa" un espacio privilegiado, lo que provoca varias reacciones de los críticos: adjetivarla de "deliciosa", decepcionarse o directamente mentir. Aunque no podría negarse la "acidez" de muchas situaciones, Cinco días sin Nora genera un humor demasiado poco agresivo como para no abandonarnos a la placidez de unas interesantes situaciones, "deliciosas", como dije antes, pero pasajeras como un sabroso cocktail de bienvenida. Siendo el primer largometraje de la directora -que es además guionista- podemos esperar mucho de su calidad e intelecto, o quizá su llama se apague, Dios quiera que no, con esta "buena" película.

Hernán A. Manzi Leites