(Puntaje: 5)

Recordaremos hitos de Ettore Scola, como Feos, sucios y malos y Un día muy particular. Siempre le agradaron los discriminados por la sociedad y una ubicación precisa: Roma. Nuevamente, aquí en su "nueva" producción (Competencia desleal es del 2001), eligirá una fecha: la visita de Hitler a la Roma de Mussollini.
Un director clásico (aunque no esté a la talla de Fellini o Visconti) siempre es esperado por los críticos y el público con muchas expectativas. Sin embargo, esta nueva obra de Scola resulta repetitiva respecto a lo mucho visto sobre la materia y sobre el modo de encarar un proyecto de parte del director.
La historia versa sobre dos vecinas y competidoras familias de sastres. Umberto (Diego Abantantuono) no soporta que Leone (Sergio Castellito), un hábil y carismático judío, le "robe" la clientela. Pero ese odio se disipará cuando los lazos entre ambas familias se hagan más fuertes y se "conozcan" interiormente. En consecuencia, cuando las leyes discriminatorias hacia los judíos lleguen, Scola podrá mostrar su costado humanitario para incitarnos a la "reflexión" sobre la igualdad humana. Ah, también pone niños para ser más efectista.
Sin embargo, a pesar del anacronismo de la película (no respecto a lo que dice, pero sí respecto a si un filme de estas características acaso es interesante en estas épocas), se destaca Scola como un buen retratista de personajes amados y odiados, como siempre lo ha hecho. En esa calle de Roma que el director reconstruye con destreza, se vive una historia pequeña como agregado a esa gran historia -la historiografía-. Y ya saben cómo está la historia en estos días. Hay productos de aceptable calidad en las tiendas de revistas.
Hernán A. Manzi Leites
Recordaremos hitos de Ettore Scola, como Feos, sucios y malos y Un día muy particular. Siempre le agradaron los discriminados por la sociedad y una ubicación precisa: Roma. Nuevamente, aquí en su "nueva" producción (Competencia desleal es del 2001), eligirá una fecha: la visita de Hitler a la Roma de Mussollini.
Un director clásico (aunque no esté a la talla de Fellini o Visconti) siempre es esperado por los críticos y el público con muchas expectativas. Sin embargo, esta nueva obra de Scola resulta repetitiva respecto a lo mucho visto sobre la materia y sobre el modo de encarar un proyecto de parte del director.
La historia versa sobre dos vecinas y competidoras familias de sastres. Umberto (Diego Abantantuono) no soporta que Leone (Sergio Castellito), un hábil y carismático judío, le "robe" la clientela. Pero ese odio se disipará cuando los lazos entre ambas familias se hagan más fuertes y se "conozcan" interiormente. En consecuencia, cuando las leyes discriminatorias hacia los judíos lleguen, Scola podrá mostrar su costado humanitario para incitarnos a la "reflexión" sobre la igualdad humana. Ah, también pone niños para ser más efectista.
Sin embargo, a pesar del anacronismo de la película (no respecto a lo que dice, pero sí respecto a si un filme de estas características acaso es interesante en estas épocas), se destaca Scola como un buen retratista de personajes amados y odiados, como siempre lo ha hecho. En esa calle de Roma que el director reconstruye con destreza, se vive una historia pequeña como agregado a esa gran historia -la historiografía-. Y ya saben cómo está la historia en estos días. Hay productos de aceptable calidad en las tiendas de revistas.
Hernán A. Manzi Leites










La historia que cuenta Las chicas de la lencería es la de Martha Jost (Stephanie Glaser), una octogenaria viuda que ha caído en un pozo depresivo debido a la muerte de su marido, y ahora no sabe qué hacer con su vida. Ya empieza a no encontrarle sentido a muchas cosas, por ejemplo a su tienda o a su encuentro con amigas. No obstante, el encargo del conservador político Fritz (Manfred Liechti) de que cosa una nueva bandera para el coro de la ciudad, anfitriona de un próximo festival coral, hará volver a la cabeza de Martha su pasado de joven costurera con sueños parisinos. Pero Martha no era una costurera común, sino una refinada creadora de diseños de lencería. A pesar de la reticencia de sus amigas ancianas (Frieda y Hanni), Martha recibe el impulso de Lisi (Heidi Maria Glössner), una liberal mujer -nota al pie: personaje archirremanido- para retornar a esos viejos tiempos y abrir su propia tienda de lingerie. Y así como en mi jardín de infantes algunos niños se ruborizaban frente a las palabras "corpiño" y "bombacha" (hasta el punto que la "seño" tuvo que aclarar que no se trataba de "malas palabras"), el pueblo de Emmental se escandaliza frente a este intento de ruptura de la armonía preestablecida, y hará todo lo posible para que Martha vuelva a sus cabales de vieja viuda aburrida. Su hijo Walter (Hanspeter Müller-Drossaart), en lugar de defenderla, será uno de los primeros en pronunciarse en contra de su decisión. Se imaginan... ¡el párroco del pueblo!