jueves, 20 de diciembre de 2007

ENCANTADA

(Puntaje: 8)

Primero que nada, Encantada sí es una película para chicos, aunque la haya disfrutado muchísimo. Creo que es disfrutable para todos, porque todos hemos visto alguna vez en nuestra infancia una película de Disney (a saber, estoy seguro que alguna de estas: Dumbo, La bella durmiente, Cenicienta, Blancanieves y los siete enanitos, Pinocho, y la inolvidable y tristísima Bambi). Basándose en este recuerdo, se sustenta la nueva producción de Disney, como si las últimas obras de la productora hubieran saturado a los creadores (y público) de imágenes digitalizadas y graciosas historias sin canciones y sin hadas.
Disney cae en la cuenta de que el formato de sus filmes cambió radicalmente, un poco ajustándose a los tiempos que corren. Si bien muchos de nosotros añoramos la época de los dibujantes a lápiz y papel, debemos reconocer que la animación por computadora tiene ciertas "ventajas" por sobre los anticuados métodos, siendo el "realismo" la más destacada en general. Por mi parte, no comparto el furor hiperrealista de muchos espectadores: el cine no es la hermana menor "fotografía" compitiendo con el hermano mayor "teatro". Sin embargo, el capitalismo es así, lo único que importa es vender, y la animación terminó resultando más "redituable" (sin desmerecer la enorme labor de los animadores, quienes, como técnicos y artistas, poco deberían interesarse por el fenómeno dinero, aunque el presupuesto les insista). Empero, hay algo más: los jóvenes de hoy, no son los de antes. Sobre esto, básicamente, se sustenta Encantada.
Hay en Encantada una yuxtaposición entre el mundo de hadas y el mundo "real", que no es solo espacial, sino también, en mi interpretación, temporal (lo que dije antes, el viejo Disney, y el nuevo Disney). La película se plantea, entonces qué ocurre cuando estos mundos se juntan, quién gana, quién pierde. En la resolución de este conflicto se halla una de las partes más flojas de esta obra, aunque, como se verá, era una consecuencia completamente coherente (hasta deductible) que se refleja desde el título mismo. Y creo que critico negativamente el final del filme simplemente porque yo también estoy inmerso en esta juventud de hoy en día que ya no se conforma con lo que se conformaban nuestros padres, aunque sea memorioso, a veces más que nada por rebelde elitista (o quizá por conservador). A pesar de este final que sería interesantísimo discutir (si alguien se dignara a escribir algún comentario a esta entrada, por favor, por favor), Encantada tiene escenas brillantes y metáforas muy claras. Una película de Disney NO DEBE tener metáforas demasiado confusas. La metáfora en Encantada es lo que Disney fue siempre: "te lo explico con una canción", o, a lo sumo, con un chasquido de los dedos.

Soy consciente, también, de que nada de lo anteriormente dicho (la reflexión histórica de la Disney) puede llegar a verse en la película y que termine siendo mero entretenimiento para niños y niñas perfectamente reemplazable por la, digámoslo de paso, pésima, El espanta tiburones. Por eso, recomiendo ver encantada con el corazón lleno de magia en el pecho, sin prejuicios. No vivimos en un mundo de hadas. Veamos Encantada y salgamos del cine cantando.


Hernán A. Manzi Leites

jueves, 13 de diciembre de 2007

CAFÉ LUMIÈRE

(puntaje: 9)

Si siguiéramos la sugerencia de Paul Ricoeur de clasificar las obras de arte bajo el rótulo "fenomenología", deberíamos incluir esta película dirigida por Hou Hsiao-Hsien junto a Mrs. Dalloway, de Woolf, En busca del tiempo perdido, de Proust, y La montaña mágica, de Thomas Mann. ¿Por qué fenomenología? La fenomenología es la filosofía del escorzo y lo oculto -y también de la temporalidad de la conciencia. Traemos a la luz lo que está oculto a través de nuestra percepción del escorzo. En este sentido, el fenómeno no "tapa", sino que "apunta" al contenido oculto del ser que trata de aparecer. En el film, podemos ver muchos ejemplos de esto último: nos damos cuenta que la madre de Yôko está cocinando al escuchar un cuchillo picando lo que suponemos son zanahorias u otra hortaliza; alguien llama, sólo escuchamos a Yôko. No hay necesidad de que lo oculto (la madre cocinando, el interlocutor del otro lado) aparezca en escena y el significado de la situación permanece intacto. Más aún, este hecho amplía la mente del espectador, ya que ella o él son invitados a descubrir lo que está ocurriendo en los lados no percibidos de la pantalla. Además, esto es distinto al típico "fuera de campo", porque Café Lumière está construida para seducir al público con el poder de los significados ocultos detrás de cada sensación. La palabra francesa "lumière" significa "luz".
El argumento de Café Lumière es bastante simple: una escritora japonesa, Yôko (Yo Hitoto), embarazada de su novio taiwanés, comienza una investigación sobre el compositor taiwanés Jung Wenye. Con este propósito, ella es ayudada por un amigo suyo llamdo Hajime (Tadanobu Asano), un fanático de los trenes, quien se enamora de ella. Este joven tiene un hobby muy peculiar: pasa su tiempo grabando el sonido de los trenes. Es en esta actividad en la que la captación de la esencia del ser se revela como el núcleo de la película de Hou Hsiao-Hsien. El director taiwanés, está presentando un gran tratado de ontología cuando nos dice que nuestra percepción (y, en este sentido, toda experiencia) es sólo una de muchos modos del aparecer de la "cosa". Es así cómo Hou Hsia-Hsien prefiere que sus escenas permanezcan oscurecidas y poco claras, desafiando al espectador con una película donde el universo de la presencia tiene que dejarse a un lado para lograr obtener una comprensión significativa de lo que ocurre en la vida de los protagonistas.
Además, la propuesta del director contiene una faceta política. El capitalismo ha conducido a una vida donde lo materia y la presencia instantánea son lo único que parece importar. En este sentido, se hace complicado tomar noticia del otro mientras no se lo tiene enfrente. La referencia a Taiwan -el símbolo de la cultura capitalista en China- tiene un poderoso efecto, ya que la acción no se desarrolla en esa región. Taiwan es un recuerdo o un relato, pero no una ausencia. Está siempre allí, dentro del vientre de Yôko, en la voz del novio en la máquina contestadora, en la música de un compositor olvidado. El tren -probablemente el mayor protagonista- le da unidad a ese Japón, conectando lugares y personas, anunciando posibles encuentros. Esto es la pura, aunque occidentalizada, cultura del Japón de hoy. Una renovación, todavía exótica, de la manera en que nosotros, los occidentales, concebimos a la nación japonesa.
Por último, es difícil decir con palabras lo que debe ser visto en este film, porque todos los significados se hallan ocultos tras la imagen. El uso diegético de la fantástica música de Wenye está allí para sugerir al público que se deje llevar por sus sentimientos e intuiciones. Hou Hsia-Hsien ha abierto, con Café Lumière, un camino para el conocimiento del ser a través de su magnífico arte de cine. Dense el lujo de perderse.

Hernán A. Manzi Leites

viernes, 7 de diciembre de 2007

4 MESES, 3 SEMANAS Y 2 DÍAS

(Puntaje: 8)

Palma de Oro en Cannes, ¿nos dice algo? No mucho, sólo que trata de algún tema que a algún sector de la sociedad le molesta. Pero a veces, y creo que este es el caso, hay que ser ese moscardón que revolotea y, con pocos tecnicismos, "jode".

4 meses... transcurre en el año 1987, aún con Ceascescu en el poder en la Rumania comunista. Afortunadamente, la película no explota demasiado este costado político. O mejor, sí lo explota, delicadamente. Si hiciera una especie de "revisionismo" (con suerte) sobre aquella etapa, la problemática que aborda (digámoslo ahora: el aborto) probablemente encontraría dificultades para traspasarse a nuestros días. En cambio, el momento histórico sirve para mostrar LA metáfora del filme, el encubrimiento y el what lies beneath de toda acción, persona e ideología. Y lo que yace por debajo, es una forma de vida. El régimen, persigue el mercado negro; el mercado negro se mantiene a pesar del régimen. El régimen prohibe el aborto, los abortos clandestinamente continúan. Pero la persecución es constante y puede concretarse en cualquier momento. Una inteligente metáfora del aborto, del ser que se está gestando en el vientre de la mujer y puede ser arrancado... por una sonda.

La película de Cristian Mungiu, además de este interés digámosle "poético", tiene un fuerte carácter educativo. A martillazos, sí, mostrando cómo se realizan usualmente los abortos clandestinos, lo que puede resultar (junto con otras escenas... particularmente por otras escenas) "morboso" y "ya demasiado". Sin embargo, esto se explica porque se intenta poner al espectador en la piel de la protagonista, que no es la chica que decide abortar (Gabita), sino su compañera de cuarto (Otilia). Este efecto da un buen resultado, ya que uno se encuentra constantemente asediado por la conciencia de Otilia, sobre la cual pesan más piedras que incluso, podría pensarse, Gabita.
Con todo esto, podemos ver que no se trata de una película meramente ilustrativa, pseudo documental hollywoodense protagonizado por Natalie Portman (todo bien con ella igual).

Cuando se discuta la cuestión del aborto, estoy seguro que esta película será recordada. Y también lo será por su contenido artístico. De todos modos, lo importante es que ahora tenemos una pancarta audiovisual que grita "hablemos del tema, hablemos del tema...", y no discusiones abstractas y muertes definitivamente no abstractas. No quiero sonar cual propaganda de gobierno de la ciudad, pero basta de ocultarnos algo que, por alguna razón u otra, conocemos, lo suficientemente bien, y sólo queremos hablarlo cuando lo colocamos lejos de nuestro alcance. En nuestra carencia de útero, o en nuestra felicidad con niños, en la reflexión bioética o religiosa, o donde sea.

Un poco de brutalidad nos viene bien. ¡Vamos! El "tema" de una película puede sumarle puntos con todo derecho. Todos se darán cuenta, cuando vean la película, que, si no fuera por la cuestión que trata, la película no sería más que "bastante buena" (para nada poco, de cualquier modo). Sin embargo, la película trata el tema. Así que, silencio, críticos mordaces.

Hernán A. Manzi Leites

martes, 4 de diciembre de 2007

THE LAST KISS (Un beso más)

(Puntaje: 3)

Esta es una remake, pero dejémoslo a un lado, que no nos distraiga este dato.
The last kiss está dirigida a lo que podríamos llamar "jóvenes maduros", medio adolescentes, medio adultos, de veintilargos llegando a treinta. Quizá fui muy poco "objetivo" diciendo que "está dirigida". Lo que es evidente es que está protagonizada por estos jóvenes que ya tienen una novia estable (o no), quizá un hijo, o un futuro hijo, y atraviesan esa crisis que según esta obra se tiene al enfrentarse a las "responsablidades".
No digo que no se trate de un tópico... interesante. De hecho, intenta mostrarnos que no sólo la crisis vienen por que está todo mal, sino porque está todo demasiado bien además. El protagonista siente que su novia es perfecta, van a tener un hijo, tienen ciertos ahorros, planes... ¡Qué aburrido!. Por otra parte, un amigo de este joven siente que lo suyo es trabajar en su bar y tener relaciones (sexuales) con chicas y mantener su "libertad" por tiempo indefinido. Otro amigo, es la contracara de estos otros dos: ya "sentó cabeza" y le fue mal. El cuarto del grupo es un personaje intrascendente y funciona meramente como un disparador para que el argumento aflore y... empiece a decaer.
Yo me dije a mí mismo: no debe haber prejuicios con las comedias románticas. ¡Woody Allen solía hacerlas muy bien! Pero esta película le falta la parte de comedia (sí, algo hubieran rescatado unas risotadas) y la parte romántica se excede, ganándole al desamor que comienza desde el título de la obra: el ÚLTIMO beso. Sin embarga, este filme es pura esperanza. Acá, todos ganan. Si te estabas por casar ¡no te desanimes! ¡perdonalo! (como pinta a la mujer esta película es un tema seriamente criticable, ya que claramente la divide en tres tipos pertenecientes al acervo de la cultura popular: la jovencita que irradia fervor y adolescencia, con sentimientos, la liberada que no es tan liberada aunque su pasión por el sexo visceral pueda hacerla parecer así, y la responsable linda e inteligente, pero resentida).
No sé por qué estoy criticando a esta obra. Quizá porque realmente creí que podía sacarse algo en limpio, que no era una estrategia comercial para ver a Casey Affleck actuando en tres de las películas estrenadas en poco más de un mes para poder decir: ah, mirá vos, no actúa tan mal. Tranquilo, Casey, se te recordará por tu voz (de muñeco de Vito Corleone) y por ser el hermano de Ben Affleck hasta que Ben Affleck actúe y la gente te prefiera en la pantalla. Este actor me hace reflexionar sobre la cuestión de que critiqué las tres películas en las que él actúa y llegaron a estrenarse. Dios santo, adónde está yéndose el cine...
En fin, creo que es mucho palabrerío. La película no resulta más que una Nueva Comedia ROMÁNTICA Americana, que no nos hace reír, si tenemos más de 25 quizá llorar, aunque jamás llegará a la cabeza. En el cine, lo mejor es cerrarla con un beso a nuestra novia. Sí, novia... ¡si no hay hijos en el argumento, la película se cae!

Hernán A. Manzi Leites

viernes, 30 de noviembre de 2007

EL ASESINATO DE JESSE JAMES POR EL COBARDE ROBERT FORD

(Puntaje: 7)

Brad Pitt es Jesse James y Casey Affleck (¡actúa bien!) es Robert Ford, un "fan" enfermizo de aquel integrante del grupo de ladrones y asesinos más buscados en la época del Salvaje Oeste, o no tan oeste, quizá, los Hermanos James. Podría pensarse que este filme es definitivamente un western, pero no, amantes de los cowboys. Una de los principales objetivos de la película es alterar el arquetipo de western que tenemos en mente. Aquí, no hay calor, hay nieve. Aquí, no hay encuentros de pistoleros high noon, ni damas a las que rescatar. Es más, no hay indios (bueno, sí, ya sé que la mayoría murió durante la guerra). Sin embargo, más allá de toda esta presentación anti dogmática, El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford mantiene la figura del bandolero como un estandarte para poder alterar al género desde el género mismo. Ya en las primeras escenas de esta obra vemos cómo Jesse tortura a un guardia de tren por intentar resistirse a abrir las llaves y arrodillarse a sus pies. No hay "aventura" en esta película con muy bella fotografía, sino bastante tensión (con 160 minutos de duración es lógico que algo se haya relajado) , mostrando cómo el thriller, el psicodrama y el western se unen: western psicológico, damas y caballeros.

A continuación, la otra cara de la milanesa...

A veces las películas ganan por audacia. A El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford no le faltó ni audacia ni algunos (varios) huecos en el balde que hicieron que el resultado final del filme no fuera el mejor. Y no sé hasta qué punto esta flojera se debió a los contenidos intrínsecos de la película. Esto es, cuando Jesse James es transformado en objeto de admiración y temor (terrible temor) y tras su muerte es venerado en contraposición al escarnio que sufre su asesino, Robert Ford, la conclusión "moral" o como quieran llamarle, resulta, o muy obvia (es mejor ser valiente y asesino sanguinario y ladrón, a ser un cobarde que mata por la espalda "a traición" a un asesino perseguido por más de una década) o bien, quizá demasiado rebuscada y meramente estética y estática (en un momento de anarquía en los EEUU, se valora más la valentía y la rebeldía contra una autoridad, tras la guerra civil, muchas veces no querida, que seguir a la legalidad de las autoridades contra las que se luchó durante la guerra y, encima, ejecutarla cobardemente, sin código). Esta última opción es de una gran riqueza "metafórica" en cuanto a la toma de postura "histórica" del filme. Sin embargo, sólo realiza una suerte de "historia monumental", "historia anticuaria", donde su utilidad para el presente es nula o, incluso, perjudicial, ya que esta decepción nos permitiría volver a la interpretación de la conclusión anteriormente dada: es mejor ser asesino y valiente que cobarde y asesino de un asesino.

Si las inconsistencias del filme lo hacen olvidable, o meramente citable, el tiempo dirá. No siempre propuestas interesantes logran el mayor revuelo. Generalmente, se contentan con una palmada en la espalda. Y creo que a Brad Pitt ya no le hacen falta.


Hernán A. Manzi Leites

viernes, 23 de noviembre de 2007

BEOWULF

(Puntaje: 7)

¿Algo nuevo bajo el sol? ¿Otra película espectacularmente épica (y cara)? ¿Las aventuras de quién vienen esta vez?... Ah, Beowulf... onda Aquiles ¿no?
Estos comentarios y muchos más nos incitaban los carteles de la nueva película de Robert Zemeckis, Beowulf, filme de animación 3-D que cuenta con la presencia de Anthony Hopkins, Angelina Jolie, John Malkovich y Ray Winstone (en el papel del héroe Beowulf).
Los primeros minutos impactan por sus imágenes, y a continuación, cuando comienzan los diálogos, uno confirma la premonitoria visión de "Otra tonta película estilo medieval de guerra".... Sin embargo, cuando creemos que nuestra entrada está perdida y que tan sólo nos queda reírnos de todo, efectivamente, comenzamos a reírnos de todo. Con chistes, en parte, con TODO, en general.
Yo sabía que Robert Zemeckis no iba a hacer una película como cualquier otra. Uno espera que nos dé algo de Volver al futuro o Forrest Gump, o parecido. Bueno, parecido, el humor y el sarcasmo. Beowulf tiene la virtud de ser una parodia al género dentro del género. Sin duda, esto tiene también un objetivo comercial claro en intentar satisfacer las ansias de guerra a espadazo limpio. Una descripción más detallada de qué ocurre con esta obra 3-D, a continuación.

Beowulf es un poema épico de tres mil y pico de versos escrito en la lengua de lo que ahora es Inglaterra, pero en el siglo VII (u VIII, no se sabe bien), equivalente al Poema de Mio Cid en España y la Chanson de Roland en Francia. En el relato, Beowulf es llamado por los Jutos (de Dinamarca, península de Jutlandia) para que maten al mosntruo que los acecha, Grendel. Beowulf logra matar al monstruo y luego de un confuso encuentro con su madre (la del monstruo), es coronado rey, pero lamentablemente cae preso de la maldición de la madre del monstruo y las desgracias empiezan. Intenta detener esas desgracias y mata al dragón que por ese tiempo comenzó a atacar el pueblo, muriendo en su hazaña.
Es interesante esto de los monstruos, principalmente porque muestra cómo en otras culturas, como la anglosajona, aparecían monstruos, criaturas mágicas y hechizos a reyes. El Cantar de Mio Cid es aburridísimo al respecto, y no aparece NINGÚN monstruo, sino hombres de distintas razas y naciones luchando entre sí.

Zemeckis es grandioso con su película por lo siguiente:
1) Critica al género introduciendo una parodia en una película que no deja de ser del género.
2) Su humor contemporáneo encaja perfectamente con lo que quiere decirnos: las películas épicas tipo medieval a gran escala son un flagelo contemporáneo.
3) Lo "obvio", "exagerado" y "trillado" del filme intenta reflejar la pasión casi ingenua con la que estas tradiciones orales (luego escritas algunas, como la de Beowulf) eran recibidas.
4) Técnicamente, nos deja boquiabiertos.
5) Los actores (digitalizados, pero igualitos) se autoparodian también. Por ejemplo, John Malkovich es el tipo raro medio turro que está siempre dando vueltas y Angelina Jolie es la burda femme fatale en su interpretación de una sensual (y tetona) monstrua con taco aguja. Es, por cierto, Angelina Jolie en su mejor papel...

¿Qué más decir? No estamos, de todos modos, frente a un "peliculón". Es una parodia grosso modo. No era necesario un gran guión para hacer lo que se hizo, sino un buen director como Zemeckis. No esperen tampoco un serio Lord of The Rings, ni un Troya, por lo que dije anteriormente. Vayan a divertirse con amigos. Los cinéfilos y sus amigotes van a pasarla bomba. Y los jóvenes grandulones (y no tanto) también.


Hernán A. Manzi Leites

sábado, 17 de noviembre de 2007

GONE BABY GONE ("Desapareció una noche")

(Puntaje: 4)
A esta película le vinieron como anillo al dedo los sucesos dramáticos que ocurrieron con la desaparición de la nena inglesa, Madelaine, durante unas vacaciones en Portugal. Con respecto a ello debo decir que muchas veces la realidad supera a la ficción y, en este caso, lo hizo ampliamente. Esta película no satisfará los deseos de intriga policial con que venimos bastante cargados. Hay similitudes, es innegable. Pero me quedo con el noticiero.
No resulta para nada extraño que un thriller producido por Miramax y escrito y dirigido por Ben Affleck no pueda tratar temas de la realidad cotidiana sin agregarle algún elemento de recalcitrante moral, saquen ustedes las conclusiones que el corazón les dicte, un par de tiros y sanseacabó. Si esto no basta para convencerlos, sigan leyendo.

El argumento estriba en la desaparición de una nenita que por la noche fue repentinamente secuestrada y la consecuente búsqueda que emprende la policía (liderada por un Morgan Freeman en el papel de Morgan Freeman) y unos detectives privados muy jóvenes, aniñados diría, romántica pareja cuyo falo es Casey Affleck. Los missing people detectives serán ayudados por otra pareja, no homosexual, no, sino de dos policías amigos, un gordo super entrenado y don Ed Harris, quien es el que mejor está en su papel (¡qué horror si todos estuvieran mal!). La madre de la nena: drogadicta y sucia. La tía de la nena: un corazón de oro que recurrió a cualquier cosa para encontrar a su sobrina (fíjense que recurrió a Casey Affleck). Los hombres de la casa, uno, un bigotudo hermano de la drogadicta (y esposo de la desesperada tía), y después están los merodeantes machos de la madre de la nena, que, para ser franco, no están en casa nunca, sino vendiendo droga y robándole a sus jefes. ¡Qué feo hogar que tenía esta nena!
Aunque un antro como este tiene bastante ya que dar de por sí, la película no termina con la historia de la nena secuestrada. Se ven algunos pervertidos más y algo de sangre.
Con respecto a la "resolución" del nudo argumental, el espectador no tiene por qué preocuparse. Ben Affleck nos obliga a quedarnos sentados hasta que los personajes digan: bueno, ahora apareció esto, y luego esto, y después lo otro. "Ah, mirá vos", sería el comentario de cualquiera. Con esto quiero decir, para ser más claro, ¡que no es un buen thriller!. Dije thriller porque policial lo es mucho menos, pero por qué no... policial. ¿O drama? (Qué astuto este Ben Affleck, hizo un filme fuera de todo género) . Uno continúa sentado porque pagó la entrada y no, precisamente, porque la trama sea atrapante y uno esté buscando a la nenita y devanándose los sesos para desenmascarar a los secuestradores.
Otro detalle bastante notorio de la película, en particular al comienzo, es la gente fea. Ben Affleck quiso reflejar cómo es un rioba de EEUU, y bueno, es un rioba, la gente es imperfecta, no se maquilla o se maquilla de más, tiene tajos en la cara, arrugas de tanto smog y un pasado oscurísimoooooo que deja sus marcas por todas partes. Al único que no le afectó el aire arrabalero de los suburbios fue a Casey Affleck, el protagonista, y un poco menos a su mujer, ya medio baqueteada (¿no se dan cuenta que esos papeles están escritos para Sandra Bullock?). Si toda esta tarea de casting y make up se debe a una metáfora gente de corazón puro vs. gente rara, no quiero ni enterarme. Si no es por esto, es algo notorio, te lo marco Ben.

¿Qué decir del contenido ético de la película? En lo personal, creo que es de una calidad ínfima, no guts. A nadie le gusta que los chicos sufran, excepto a los que les gusta hacerlos sufrir... ¿la ley? Ya se sabe que lo que la ley dice no siempre es "lo mejor", pero dura lex sed lex.
Sin embargo, creo que al menos tiene la delicadeza de dejarnos pensando sobre un tema en particular. Una vez que hayamos tomado posición se terminó la película para nuestra existencia. Tampoco es que sea demasiado importante tomar posición sobre el tema que cual la película propone (o nos lanza burdamente).

¿Qué decir pues de Gone Baby Gone? Estructura unida con bisagras, ganchos de carnicero y nudos marineros para hacernos creer que es un policial y que hay algo por resolver; situaciones bastante poco creíbles; actuaciones discretísimas; y un "apto para mayores de 16 años" que se debe sólo a la exposición de droga, sangre y gente fea o muerta. Quizá si Ben Affleck hubiera hecho de su obra algo más "Disney", hubiera dado en el blanco. Así como está, es una criatura híbrida como esas que construíamos con muñecos cuando niños, de las que ni se podían parar por tener una pelota de tenis encanghada a la capa. En suma, una Bella Durmiente ultrajada en el callejón.


Hernán A. Manzi Leites